Las puertas del castillo
Cerraron sus filos a mi espalda,
La soledad de mi casa
Llora mi partida mas yo
Sé que reirá mañana.
La otra soledad, la fiel,
Aguarda mis pasos por la sierra,
Sabe que llevo los resabios
De una pena desgarrando
Los tobillos. Alguien habitará
Mi hogar, gozará del fuego,
Las paredes y la sala.
Yo vagaré con las dagas
De tu ojos desgarrando
Mi alegría de otrora,
Cuando tu mano era mi mano,
Cuando tu boca reía y gemía
En la locura de amarnos sin tregua.
Beduino sin pan ni agua
Arrastraré la tristeza
De mis lágrimas secas
Inflamando las dunas,
Reclamando un lugar en la arena.
Nada calmará mi sed, nada
Satisfará mi hambre.
Que no necesito a los pozos
Ni a la hogaza. Sólo desvarío
Por la fuerza de tu sexo
Y el calor de tu mirada.
Sangran mis pies arrastrando
Invisibles cadenas que una tarde
Sin piedad tus manos herrajarán.
Ni los buitres quieren mi lengua
Muerta, ni la carne reseca.
Beduino sin destino ya soy mortaja
Deambulando lejos de mi patio,
Gritando tu nombre como un poseso,
Anhelando urgente la fragancia
De tus besos. Abandonado de todo
Esta tarde al fin miro a la muerte
Cara a cara. El corazón descansa.
Carlos Eduardo Saa
Cerro Barón 11/02/2011
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