Carlos Eduardo Saa
Preña, mujer, mi loco corazón con
una mirada de tus ojos de fuego,
para que yo sueñe el húmedo beso
que nunca me dará tu boca.
Dame el hijo que ha de llorar en mis entrañas
y que amamantaré con este loco amor que te tengo.
Lo alimentaré con brevas, manzanas
y membrillos del huerto que añoro.
Lágrimas serán su dulce leche que no ha de libar
de los pechos que jamás serán suyos ni míos.
Préñame, préñame, ya, imposible mío;
abro mi cuerpo para recibir al hijo que pasearé
por parques, calles y ríos. Irá de mi mano prendido
como soldado por la fragua de Vulcano en el Olimpo.
Sólo yo lo veré, porque será siempre un sueño;
sólo yo escucharé su voz de niño preguntando
por la madre que lo regaló a mi destino.
Entonces rasgaré mi pecho, le abriré
mi corazón y verá tu rostro, te besará los ojos
y juntos gritaremos tu nombre, cuatro letras,
cuatro letras, como Amor y el vino
que tus labios manan, manantial en luz nacido.
Préñame, ya cariño, que cuando yo muera,
este amor, dulce tortura que por ti siento,
lo ha de continuar, eterno, nuestro soñado hijo.
Cerro Barón 2009.
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