Carlos Eduardo Saa
Salve, Valparaíso,
Salve, Valparaíso,
Ciudad de óxido y boldos.
Tus enredaderas pétreas
Unen la paupérrima vida
Palpitando en las nubes,
Con la ostentosa de tus pies.
En algún rincón estéril
Vientres desolados se abren
Al amor desgarrado de noches
Turbias de alcohol y odio
Mas en los sueños de tus sirenas
Encendidas por los suspiros
De la esperanza nacida
En la grácil vaguada,
Surge el amor a la vida
Y el vagido de la naturaleza
Recorre amoroso tu espina.
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